Régimen chino

El régimen chino en guerra contra la religión

El Partido Comunista Chino ha utilizado las restricciones sociales de la pandemia del covid-19 para reprimir, mas aun, a grupos religiosos en su república. Ha procedido a quemar, decomisar y destruir libros religiosos, en un plan sistemático solo comparable con la revolución cultural de Mao.

Las medidas han obligado a millones de practicantes de diversas creencias religiosas en territorio chino a elegir la clandestinidad.

Reglas impuestas por el gobierno

El régimen comunista chino, oficialmente ateo, reconoce formalmente a cinco religiones: budismo, taoísmo, islam, catolicismo y cristianismo. Sin embargo, impone reglas estrictas sobre cómo deben operar estas organizaciones religiosas, y a menudo insta a agentes del partido a controlarlas, espiarlas y regularlas.

Los creyentes del budismo tibetano, cristianos, musulmanes-uyghur, o practicantes del Falun Gong, no pueden leer, imprimir o distribuir materiales de sus diversas creencias, debido a que pueden ser condenados a prisión, torturados o llevados a trabajo forzado, e incluso otras formas más extremas de abuso.

Los religiosos son sometidos a permanentes monitoreos del Estado, hostigamiento y represión policial.

Por estas permanentes violaciones a la libertad de religión, el Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos ha designado al régimen chino, cada año por más de dos décadas, como un “país de particular preocupación”.

Desde el año 2016, el Partido Comunista Chino le prohibió a sus más de 90 millones de miembros la participación en cualquier práctica religiosa, ocuparse en “actividades de supersticiones feudales” o “patrocinar a extremistas religiosos, así como a “separatistas raciales”, el último término es usado frecuentemente para describir minorías religiosas como los ugui gurs en Xingyang o a los budistas tibetanos.

Pese a esto, la Constitución de China garantiza a sus ciudadanos los derechos de libertad de creencia religiosa y la ocupación en “actividades religiosas normales”.

Purgar la superstición

Hace pocos días se supo que la mayor prioridad del gobierno de Beijing, desde su más alta directiva, es promover el socialismo y purgar la “superstición”, para así “modernizar el campo”.

En una publicación del gobierno, miembros del Partido Comunista declararon que el Estado chino ha tomado el camino materialista, y que por lo tanto son “tan incompatibles con las ideologías supersticiosas como el fuego al agua”.

En octubre del año 2019, una librería pública en el condado de Zhengyuan llamó la atención mundial sobre la quema de libros, ya que el gobierno les decomisó docenas de publicaciones “ilegales” o medios con contenido “religioso” o “tendencioso”.

Según los cibernautas activos en comunidades online (Netizens en inglés) esta sistemática y forzosa erradicación de la cultura tradicional no es más que un intento por imponer el control ideológico sobre la población. Lamentablemente, este tipo de acciones no son incidentes aislados.

Falun Gong

Dos décadas después de la revolución cultural en 1999, el Partido Comunista Chino ordenó una agresiva campaña de erradicación del Falun Gong, una disciplina meditativa espiritual basada en principios morales de veracidad, compasión y tolerancia.

De 70 a 100 millones de practicantes de esta fe fueron etiquetados como enemigos del gobierno. Actualmente, enfrentan acoso, tortura, hostigamiento y encarcelamiento, llegando al extremo de forzar la extracción de órganos a quienes se negaran a rechazar su fe.

Según informa Minghui, una página web con sede en Estados Unidos y que reporta la persecución de este grupo religioso, se estima que millones de discos compactos, libros y videos han sido destruidos, haciendo que los practicantes de esta fe los entreguen para posteriormente ser eliminados en espacios públicos de manera dramática con aplanadoras, grandes hogueras o trituradoras.

El gobierno ofrece recompensas monetarias a informantes que reporten panfletos, libros, souvenirs, publicaciones en medios sociales o banners relacionados a Falun Gong u otros grupos que el Partido Comunista Chino tildó de ilegales. Les ofrecen hasta 300 mil yuanes (46.476 dólares) por pistas que los guíen a desmantelarlos.

Cristianismo y budismo

A pesar de que supuestamente la cristiandad y el budismo son religiones oficialmente aceptadas, sus adeptos han sido hostigados por la presión del régimen chino.

Por ejemplo, en el condado de Jingdezhen de la provincia de Jiangxi, en el sureste de China, un abad budista contó cómo el gobierno local puso todos los discos compactos de los templos locales en la carretera y utilizó una excavadora para triturarlos, de acuerdo con un reporte publicado en diciembre por Bitter Winter, una revista sobre la libertad religiosa en China y los Derechos Humanos.

La misma revista reportó que aproximadamente 400 kilogramos de libros religiosos y decenas de miles de discos compactos fueron destruidos en el templo local Fengci, además de que el establecimiento fue cerrado.

En la provincia oriental de Anhui, por lo menos 250 iglesias fueron sancionadas por el Estado, se les removieron sus cruces entre enero y abril del 2020, a veces bajo el pretexto de ser “demasiado grandes, demasiado altas, demasiado anchas o demasiado llamativas”.

Los oficiales del régimen chino dijeron que la acción era parte de una campaña más extendida para eliminar símbolos religiosos.

Otro caso a resaltar es el de Wen Weiqan, un cristiano que fue forzado por la policía a quemar sus cruces y su biblia en una hoguera en una casa parroquial. Posterior al hecho, Weiqan se suicidó.

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