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¿Una nueva era para el capitalismo en el mundo?

Tras la publicación del libro La riqueza de las naciones del economista Adam Smith hace más de dos siglos, el capitalismo que ha impulsado grandes transformaciones civiles y del Estado con la sociedad pareciera condenado a repensarse. ¿Lo está?

Aunque este sistema de actividad llevó al ser humano a disfrutar de vidas más largas y mejores, incluyendo el hito de pisar otro planeta, moldear el planeta natural o navegar en Internet, lo cierto es que sus deficiencias son cada vez más palpables.

Muestras de estas deficiencias es el malestar político y la polarización global, donde se demuestran los signos de la insatisfacción con el status quo.

“Tal como existe hoy hace más daño que bien”

Edelman, consultora encargada de una encuesta reveladora actualizada al respecto, arrojó que hasta el 57% de los individuos de todo el planeta se expresan en contra del sistema capitalista que “tal como existe hoy hace más daño que bien en el mundo”.

“El desempeño del capitalismo occidental en las últimas décadas ha sido profundamente problemático”, escribieron hace poco los economistas Mariana Mazzucato y Michael Jacobs en la obra Repensar el capitalismo.

“El capitalismo occidental no está irremediablemente destinado al fracaso, pero es necesario repensarlo”, agregaron los economistas.

Perspectiva volcada al individuo

El capitalismo en Occidente durante sus inicios no fue ni la sombra de lo que es hoy, pues las jerarquías de la Iglesia y las monarquías autocráticas predominaron entre los siglos IX y XV, precediendo el asentamiento de este sistema.

Cada vez fue más la gente que proclamó su derecho a una perspectiva volcada al individuo, observando mayor flexibilidad en lo que se refiere a la propiedad privada, innovación, elección personal y espíritu de empresario.

El sistema democrático se vio también transformado con el enfoque de la libertad política individual, que en su compendio histórico, dio un vuelco al contrato social precedido por el predominio del gobernante hacia el individuo.

En detrimento de mayor rango de acción individual, económica y política, las personas comenzaron a esperar menos de las autoridades gubernamentales, algo que se acentuaría en los siguientes siglos y luego de la Segunda Guerra Mundial.

Posterior al último conflicto de escala mundial fue fundada por un conjunto de expertos en materia de política económica la Sociedad Mont Pelerin, con miras a asumir los retos que afrontaba el mundo occidental y enfocada en el liberalismo clásico.

Sus ideas y planteamientos dieron pie a la “economía de la oferta”, escuela macroeconómica fundamentada en un mayor crecimiento económico mediante la imposición de impuestos más bajos y una regulación mínima del libre mercado.

Con el inicio del neoliberalismo político para 1980, la economía de la oferta fue prioridad para los gobiernos estadounidenses y del viejo continente, así como un escape sustancial de la pobreza extrema para millones de personas en el mundo.

En paralelo, la criticada falta de inversión política en los servicios públicos por los detractores de este sistema, así como el deterioro de la infraestructura, educación y salud pública fueron achacados a la reducción de impuestos y la desregulación empresarial.

Brechas y desigualdades

Según la medición del Índice de Gini, la brecha significativa entre la riqueza de los individuos más ricos y los más pobres hacia el final del siglo XX fue lo más relevante.

En Estados Unidos ha sido más notorio desde 1980, donde abundan los acaudalados multimillonarios del planeta y cuyos ingresos promedio se acrecentaron en un estimado de 6% anual, al tiempo que los más pobres apenas han visto un incremento en su dinero.

“La pobreza absoluta es básicamente que las personas puedan obtener $4 por día por persona. Es una medida de umbral”, explica la profesora de Economía Denise Stanley, quien advirtió el desequilibrio y la corrosión que este escenario puede ocasionar.

A medida que se estancan los ingresos promedios y los salarios, poco parece importarle a las personas si la economía está creciendo, un factor determinante para brindar más sensación de seguridad en la sociedad.

Según el informe de la consultora Edelman, una de las consecuencias del incremento de la desigualdad es que “la gente tiene menos confianza en las instituciones y experimenta una sensación de injusticia”.

“En las últimas dos décadas, las muertes por desesperación por suicidio, sobredosis de drogas y alcoholismo aumentaron dramáticamente y ahora se cobran cientos de miles de vidas estadounidenses cada año”, escribieron los economistas Anne Case y Angus Deaton en su obra Muertes desesperadas y el futuro del capitalismo.

Este caos fue empeorado por la crisis financiera que se vivió entre 2007 y 2008. Según Richard Cordray, director de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor de EE UU, la polarizada política vista en la última década fue impulsada por el sentimiento de resentimiento como impulso y resultado de los sucesivos rescates a grandes instituciones bancarias.

Anticapitalismo

Numerosas protestas vistas en países como Chile o Francia durante los últimos años surgen de una raíz similar: el descontento de los ciudadanos para que el gobierno no ignore sus quejas por una enorme desproporción económica y el costo de la vida.

En Estados Unidos, por ejemplo, el amplio movimiento que siguió y apoyó el cerrado enfoque económico global del ex presidente Donald Trump quizás esté también impulsado por una brecha económica, así como ideológica.

Según Anahita Thoms, jefe de la sede en Alemania de la firma Baker McKenzie, el proteccionismo puede traer algunos beneficios temporales, pero es “miope” para la economía global y por lo tanto “es crucial conservar mercados abiertos favorables a la inversión”.

¿Qué le depara al capitalismo?

Varias propuestas e ideas en común sobre lo que le depara al capitalismo coinciden en ampliar los parámetros de éxito además de solo la ganancia y el crecimiento, inspirado en la ética del llamado “capitalismo consciente” en los negocios, así como el “capitalismo inclusivo” defendido por el Vaticano y que aboga por el bien común en la política.

Escrito por el autor Jonathan Porritt, el modelo de “los cinco capitales” está basado en la integración dentro de los modelos económicos existentes de cinco pilares del capital humano: natural, social, humano, manufacturado y financiero.

Este enfoque ha sido adoptado cada vez más por varios directores ejecutivos que ven la necesidad de replantear el papel de las empresas en relación con el medioambiente y la sociedad.

El poder intrínseco de un ciudadano en una democracia liberal y capitalista tiene el poder de influir de forma colectiva en que las empresas alineadas con sus creencias puedan optimizar sus prácticas por medio de nuevas leyes y normas.

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