palestina

Palestina, víctima del exterminio sistemático

A partir del 11 de septiembre de 2001, con los ataques “terroristas” en territorio estadounidense por primera vez en la historia humana, los medios se encargaron de difundir el rostro de los asesinos: los árabes.

Así comenzaron agresiones sistemáticas, contra todo humano con barba larga, turbante, batolas, mujeres con burkas o velo. En otras palabras, los árabes del mundo fueron execrados, señalados, y hasta el día de hoy humillados como terroristas en general.

Nadie fue capaz de levantarse y protestar contra semejante discriminación a una de las culturas más antiguas de la humanidad, tan llena de diversidad, grupos étnicos y riqueza intelectual.

El 11 de septiembre no solo sirvió para justificar la intervención estadounidense en territorios árabes, sino para la discriminación mundial hacia ellos.

La ignorancia se había apoderado de los humanos que nunca se han detenido a preguntarse: ¿quiénes son los dueños de los medios? ¿Por qué formo mis ideas a partir de lo que otros dicen y no de lo que yo analizo?

Han sido cientos o quizás miles las teorías de la conspiración en torno a lo que realmente sucedió el 11 de septiembre, y sería muy tonto debatir al respecto, pero lo que sí es palpable es que desde esa fecha el ciudadano común pasó a ver a los árabes como enemigos, a los musulmanes como yihadistas y a los islamistas como fanáticos.

El planeta inventó un nuevo apartheid, en esta ocasión específicamente para todo el mundo árabe, y ahora eso sí es la excusa para que el mundo sionista justifique el establecimiento de su supremacía, sin ninguna oposición del mundo “civilizado”. ¿Mera casualidad?

Origen histórico del conflicto Palestina-Israel

Los pueblos árabes hasta finales del siglo XIX habían sido ocupados, de manera forzada, por colonias. Varios movimientos buscaban independizarse, darle autodeterminación a los pueblos árabes, con un gobierno árabe, y exigían la desocupación de Palestina por parte de los colonos.

En paralelo, en Europa surge el sionismo, un movimiento que (entre otras cosas) pugnaba por la creación de un Estado para los judíos, dispersos por el planeta.

Mientras Europa se llenaba de nacionalismos extremos, que también querían “liberarse” de “ocupaciones” extranjeras, comenzaron a ver al pueblo judío como un pueblo de extraños apartados que no se integraban a la sociedad y tenían planes de control económico y político. El pueblo judío siempre vivió y vive como un pueblo apartado de las comunidades donde se asienta.

El sionismo nace como un movimiento laico, pero vio en Palestina, la tierra donde se fundó el judaísmo, el perfecto espacio geográfico para ejecutar su proyecto.

Desde principios del 1900, el movimiento sionista patrocinó e impulsó la instalación de judíos de origen europeo en el territorio árabe que todavía se encontraba bajo administración otomana.

Entre 1920 y 1948, bajo el mandato colonial británico, esta inmigración fue mucho más densa y extendida. Después de la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones que tenían colonias en los países árabes debían comenzar el proceso de transición hacia su independencia.

Varias provincias otomanas fueron logrando ser gubernamentalmente independientes, mientras que Palestina continuaba -intencionalmente- siendo colonia.

A pesar de que la población judía inmigrante en el territorio seguía siendo minoritaria, esta ampliaba sistemáticamente sus propiedades y territorios, chocando permanentemente con el proyecto nacional árabe.

La comunidad judía en Palestina se organizo en el Yichuv, una especie de Estado insipiente que desarrolló prácticas discriminatorias y excluyentes hacia los árabes. Así creció la violencia y los enfrentamientos constantes entre judíos sionistas y árabes teniendo lugar las principales revueltas entre 1936 y 1939.

Después de la segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas (resolución 181 de noviembre 1947) propusieron la creación de un Estado árabe palestino y otro judío. A lo que el pueblo árabe se negó pues suponía la legalización del plan sionista. Para 1948, la comunidad judía estableció su Estado de Israel, acción tras la cual se desencadenó la intervención militar de los países árabes vecinos, en apoyo a los palestinos.

El Estado judío no solo resistió esta guerra, sino que logró desplazar a grandes masas de población palestina, amplió enormemente su territorio ocupado, mucho más allá de lo establecido en el plan de partición primordial. 

La sociedad palestina se desarticuló tras esta guerra y comenzó el éxodo. Los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza quedaron bajo el control de Egipto y Jordania, anulando la posibilidad de crear al Estado palestino, y la ciudad de Jerusalén quedó dividida.

Después del genocidio nazi, el Estado de Israel vio una mayor justificación para su imposición, ya que sería el único territorio seguro para sus iguales. Así, Israel vio con fuerza el apoyo de las potencias desplazando a los judíos dispersos por el mundo a su nación, cada vez más justificado, mientras Palestina veía más frustrados sus derechos a existir como Estado. Palestina seguía dispersa y con muy pocas acciones eficaces contra Israel.

La Organización para la Liberación de Palestina se crea en 1964 (OLP), intentando organizar acciones en contra del Israel impuesto.

Para junio de 1967, Israel ocupa el Golán Sirio, la península del Sinaí de Egipto y los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza. Logra controlar así las fuentes de agua, tiene posiciones estratégicas frente a los países árabes y termina de tomar el territorio de la Palestina del mandato otomano. No termina de anexar estos espacios por miedo a incrementar el número de árabes con ciudadanía israelí.  

Lo que narra un Palestino

Husni Abdel Wahed, embajador de Palestina en Argentina, explicó que el sábado se cumplieron 73 años de “La Nakba” (la catástrofe), término utilizado por los palestinos para recordar el inicio de la ocupación sionista de sus territorios. Esta escalada de violencia comenzó en 1948, un día después de que Ben Gurión proclamara la independencia del Estado de Israel.

“Lo que vive mi pueblo hoy, es lo mismo que vivió ayer, anteayer, y lo mismo que vivirá mañana. Aquella vez anexaron el 78% de Palestina y en 1967 (Guerra de los Seis Días) completaron la ocupación del 22% restante”, señaló el embajador.

Wahed continuó explicando que “en Jerusalén oriental no pasa un día sin que expulsen a una familia palestina para regalar sus propiedades a un colono judío. Precisamente, uno de los detonantes de esta escalada fue un episodio en un barrio de Jerusalén, cuando familias de muchas generaciones fueron desalojadas de sus hogares bajo el falso argumento de que eran propiedades judías”.

A una feroz represión contra quienes resistían los desalojos se sumó la agresión a fieles musulmanes que rezaban en la mezquita Al-Aqsa, tercer sitio más sagrado del islam. “Hubo una serie de acontecimientos que hicieron explotar la situación: no es la primera ni segunda vez, ni será la última mientras se mantenga la ocupación”, alertó el diplomático.

El sionismo no es judaísmo

Muchos judíos, que realmente lo son por su fe, hoy luchan y se manifiestan en contra del Estado de Israel, pues se enfrentan al sionismo.

El sionismo no es compatible con la fe. Mientras la creencia en Dios te hace respetar a todo buen “samaritano”, el sionismo establece superioridad, y todo discurso que establezca superioridad de unos sobre otros es fanatismo étnico y político. El paso siguiente de los fanáticos siempre será el exterminio del que es diferente.

Los grupos judíos más ortodoxos, que buscan y siguen sus costumbres más antiguas, están en contra del “Estado” de Israel, que no es lo mismo que el “pueblo” de Israel. Llegan incluso a desfilar con banderas de Palestina y decir que son palestinos, pues viven en territorio palestino invadido, robado.

“En 1799 Napoleón intenta ocupar Palestina, sufre su primera derrota e inmediatamente plantea la necesidad de crear una barrera entre el oriente salvaje y el occidente civilizado. 100 años después, en 1897 se funda el Movimiento Sionista bajo la influencia de Gran Bretaña y enfocado en crear un Estado Judío, con varias alternativas: la Patagonia, Uganda o Palestina. Israel fue pensado como un proyecto colonialista”, advirtió Wahed.

Lamentablemente, la cultura estadounidense se ha acostumbrado a ser “policía” del planeta, y en ese sentido ha pretendido “mediar” en el conflicto árabe, pero qué casualidad, siempre a favor de los sionistas, no de los árabes, no de los derechos humanos. ¿Abundan las casualidades?

La arrogancia es ignorancia

Con toda la imagen que se ha creado en los medios sociales, en la prensa y la televisión, de que prácticamente no existe el sionismo, no existe Palestina, los árabes son terroristas, se hace imposible hablar de este tema sin conflictos ni discusiones acaloradas.

El problema no es el debate, el problema es la ignorancia en torno al tema y la arrogancia de los ignorantes. Mientras más firme y fanático se muestra alguien con respecto a un tema, más demuestra su ignorancia.

Parece que ya no está de moda buscar fuentes cruzadas, comparar opiniones y ver el origen histórico de los conflictos.

Jesús, el mesías cristiano no aceptado por los judíos

El hijo de Dios, para los cristianos, era o fue un simple judío más en la antigua Palestina que caminó por tierras de Jerusalén, la ciudad partida, ocupada y desplazada. Jesús es otro judío más con discursos socialistas, revolucionarios, e incluso un “curandero” hacedor de milagros del montón, como tantos otros de su época.

Las razones por las cuales los judíos no aceptaron, ni aceptaran nunca a Jesús como un mesías real son múltiples, pero principalmente políticas. Sus palabras estaban dirigidas a los mas desposeídos, a los que no tenían bienes de fortuna, a los niños, a los enfermos, a los que estaban al margen de la sociedad. Al no tener bienes económicos, pues no le interesaban a nadie, y menos a la iglesia judía como institución.

Incluso podríamos decir que su discurso anti imperialista molestaba tanto a los romanos como a los judíos, así que se aliaron para eliminarlo, ya estaba teniendo demasiados seguidores.

Muchas críticas han surgido en torno al catolicismo y su institucionalidad “el vaticano”, las riquezas que manejan y el poder que tienen. Pero muy pocos analizan el poder económico y político del judaísmo de la época de Jesús, que nunca lo aceptó y que hoy en día siguen esperando la venida del mesías, de su mesías.

Notas para concluir

Al apartar, discriminar y clasificar etnias, grupos y creencias, se avivan rencores. Al desplazar pueblos enteros de las tierras que por milenios les han pertenecido y donde han convivido con sus vecinos diversos, se genera ira. Esto, al parecer, al planeta en general no le importa.

Frente a esta sistemática ocupación, el exterminio genocida de un pueblo y la clara limpieza étnica, no se ven los clamores del mundo “civilizado” para detener la matanza.

Incluso, las Naciones Unidas actualmente consideran a Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental como territorios ocupados.

Las personas se levantan cuando un policía reprime protestas violentas, pero no reclaman la destrucción de un edificio de la prensa, el asesinato de niños o el exterminio de una cultura.

Todo sea por la eliminación de los grupos terroristas. Total, todos esos son árabes. Por lo menos así lo reclama la prensa, los medios y sus “seguidores”.

“El presidente Joe Biden hace años confesó que es sionista, y que su papá le enseñó que no era necesario ser judío para serlo. Y agregó que si no existiera Israel habría que crearlo, porque sin Israel sería un gasto inimaginable sostener tropas en la región”, dijo Wahed.

“Israel fue una decisión de las grandes potencias y a Palestina simplemente le impidieron ser un Estado. En 1948 los inmigrantes judíos en Palestina no llegaban al 30% de la población ni poseían el 6% de las tierras, pero con apoyo militar, económico y político de los Aliados crearon el Estado de Israel. Y desde entonces los palestinos venimos luchando contra una ocupación criminal para lograr un Estado soberano”, concluyó Husni Abdel Wahed.

Donaciones

Donate

Paypal:

X