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¿Qué sigue? El debate por la legalización de drogas en México

Luego de ser aprobada en primera instancia en la Cámara de Diputados, a la espera de una ratificación en el Senado y por la Corte Suprema de Justicia, la regulación del cannabis plantea interrogantes en un debate sobre el resto de drogas en México, uno de los países más afectados por la guerra contra y entre los narcotraficantes.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, abrió la posibilidad de legalizar el cultivo de la amapola o adormidera, sustancia que sirve de materia prima para fabricar opio y sus derivados, tanto legales como ilegales, como lo son la morfina y la heroína.

“Estamos en esa etapa de análisis, de reflexión, sobre lo que más le conviene a México. Y vamos a tomar decisiones”, fue la frase de AMLO antes de decir “en lo que tiene que ver con la comercialización de la marihuana, de la amapola, se ha tomado la decisión de iniciar un análisis de fondo sobre estos cultivos”.

Aunque lo parezca, esta propuesta no es nueva, y así lo ratificó a principios de año la secretaria del gobierno, Olga Sánchez, pues durante la campaña presidencial en el año 2018 el presidente mexicano, junto a la funcionaria más importante del gabinete, reconocieron la posibilidad de legalizar la amapola con fines medicinales.

El impulso de programas de sustitución de plantíos en estados claves del territorio mexicano, como el conocido Triángulo Dorado que comparte el estado de Durango, Sinaloa y Chihuahua, fueron de las primeras estrategias de López Obrador en el poder.

Ante la posibilidad real de que México pueda producir el principal elemento medicinal derivado del opio (morfina), se plantea un hipotético escenario frente a los demás países autorizados por la ONU para cultivar la amapola, entre los cuales están: España, Francia, Holanda, Inglaterra, Japón, Alemania, Turquía, Ucrania, entre otros.

Mercado ilegal e impacto social y económico

De acuerdo con el informe anual que presenta la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (Unodc, por sus siglas en inglés), la superficie cultivada en México aumentó de 1.900 a 44.100 hectáreas entre el año 2000 y el 2017.

Tras Afganistán y Myanmar, la nación norteamericana se ubica en la tercera posición de los principales fabricantes de opio ilegales en el planeta, con un porcentaje que se eleva al 6%, del cual hasta 80% se comercializa a Estados Unidos.

EE UU, principal mercado demandante, ha padecido de distintas epidemias por consumo de drogas basadas en opio. La última de ellas es un peligroso opioide sintético llamado “fentanilo”, que ha ocasionado cuantiosas sobredosis.

El aumento del 71% en el consumo de las sustancias derivadas del opio en apenas 10 años es un indicador alarmante. En el informe mundial de drogas de 2020, el 66% de los 167.000 fallecidos por usar drogas ilegales registradas en el año 2017 es precisamente a raíz de los opioides.

Presentado como Proyecto Amapola, compuesto por las organizaciones Noria Research, México Unido Contra la Delincuencia, la Revista Espejo, el Centro de Estudios México-EE UU de la Universidad de California y el portal Pie de Página, es una investigación interdisciplinaria que indica el impacto social y económico de este cultivo en el país azteca.

Luego de la caída del kilo de goma de opio a cerca de $250 ante su competidor sintético, el fentanilo, los precios desde finales de 2020 oscilan entre $750 y $850. Los antecedentes del precio alcanzaron su pico más elevado durante la primera década del siglo XXI, cuando el valor se basó en $1.500 por kilogramo.

En el México rural, esta es una forma de subsistencia monetaria entre los campesinos locales, quienes muchas veces son los principales señalados como el eslabón más bajo de una cadena productiva mucho más integral de lo que se percibe a simple vista.

Antecedente e historia

La amapola, a diferencia del ancestral cannabis en México, comenzó a cultivarse a principios del siglo XX.

Eventos como la guerra de Vietnam dejaron una ola epidémica de adicción a la morfina como resultado de la gran demanda que EE UU requería para su ejército, al mismo tiempo que la calidad de la amapola mexicana mejoraba en suelo azteca y dicha planta pasaba a ser parte de las políticas prohibicionistas.

Como si se tratase de una historia repetida, el “éxito” de una guerra que tomó un nuevo impulso tras la guerra mundial antidrogas lanzada por Richard Nixon, expresidente de EE UU, y el plan Cóndor que aseguró que habían exterminado los cultivos de amapola, no es capaz de exhibir un balance positivo verdadero tras más de cinco décadas.

“La prohibición como política gubernamental sobre el uso de drogas, luego de más de medio siglo, no ha logrado erosionar su oferta legal ni su demanda”, indicó una iniciativa del estado de Guerrero aprobada en 2018 que implicaría cambios en el Código Penal Federal y en la Ley General de Salud, algo que no ha pasado hasta ahora.

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